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¿Quiénes somos?

«Hay muchas más cosas entre el cielo y la tierra, Horacio, de las que ha especulado jamás tu filosofía». Hamlet (W. Shakespeare)

Mi nombre es Rubén Gallego Jordán, y soy un ser en relación, muy motivado a vivir y mejorar sus relaciones.

Lo más importante para mí es precisamente eso, nuestras relaciones, comenzando por la que tenemos con los principios que sostienen todo: la naturaleza y la vida. En esa relación considero incluidas todas las demás, incluso la nuestra, con nosotros mismos, pues somos parte también de la naturaleza y de la vida.

Mientras escribo esto, la relación mas importante en mis circunstancias de vida, la que más me permite crecer y en la que encuentro las mayores oportunidades para superarme, es que soy padre; una experiencia que va mucho más allá de tener hijos, y que hago lo posible por vivir responsable y conscientemente.

Pero también soy hijo, hermano, amigo, etc. y, como decía, creo que nuestras relaciones son lo más importante y por aquello por lo que mas nos pregunta y se interesa nuestra propia conciencia.

Y en cuanto a lo que hago, especialmente aquí, presento mi trayectoria y mi labor: Desde la preadolescencia, sentí un vínculo especial con el fenómeno escénico, lo que me llevó a cursar y obtener el Título Superior en Arte Dramático, en la especialidad de interpretación (ESAD, Murcia).

También me fascinó, desde que tuve la suerte de estudiarla en la enseñanza secundaria, la Filosofía, que me ayudó a formar mi personalidad, desarrollar la capacidad de la reflexión, ampliar mis puntos de vista y otros beneficios.

La primera vez que me vi en un escenario (fue uno de mis primeros días en la Escuela Municipal de Teatro de Cartagena) tuve de repente una experiencia que me sorprendió mucho, y me marcó. Una experiencia (se repetiría muchas veces más) que no sé qué explicación científica pudiera tener, pero contribuyó mucho a mi creencia de que el ser humano tiene capacidades (muchas más que un dispositivo tecnológico) para emitir, conectar y compartir información o energía con los demás, de forma invisible a los ojos, pero que se puede sentir perfectamente. No hablo de lo mental-racional (para eso, nada mejor que la palabra).

Podría intentar describir la experiencia: sentí como si todo el teatro (incluso estando vacío, como fue en esa ocasión), se llenaba de una energía que, de alguna forma, surgía profundamente de mí, o bien que llegaba (desde no sé dónde) hasta un espacio muy profundo en mí y que, desde ahí, se «irradiaba» como si fuera una luz, invisible pero sensible, que se extendía por toda la estancia.

¿Será eso que llaman en teatro el «angel»? ¿O en el flamenco el «duende»? ¿O el «carisma» del que hablan algunas vertientes más místicas? ¿Qué era eso, tan mágico, tan placentero, tan luminoso?

Esta experiencia recurrente al acercarme a lo artístico, me marcó tanto que era lo que mas me llamaba hacia las artes escénicas, viviendo de forma entusiasta el momento mágico de la creación, y también el del momento de compartir, pues en ambos momentos percibía esa experiencia en cierto grado. Era eso lo que buscaba principalmente. Por ello, al contrario que muchas personas con las que compartía carrera, que soñaban con hacer cine o televisión, en mi caso me sentía poco o nada seducido por esas disciplinas, y totalmente orientado a lo presencial, al teatro, la música y el movimiento o la danza «en vivo»; al directo ¡Donde sentía todas esas cosas!

Pude ver descrita esta experiencia de la que he hablado, o alusiones a ella, por parte de grandes creadores del ámbito teatral. Cuando comencé mis estudios de Arte Dramático, conocí el método de Michael Chejov, quien llegaba a sugerir a sus alumnos que debían conocer y saber cómo «irradiar» cuando están en escena.

Me sentí identificado con las ideas de creadores como Edward Gordon Craig. Concretamente, de éste último, su visión del arte me cautivó, su búsqueda de la belleza más allá de lo estético, y su concepto, controvertido e incomprendido en su época, de «Supermarioneta», con el que pretendía acabar con el culto al ego del actor, para destilar su esencia y ponerlo al servicio de algo más grande que sí mismo. En fin, un genio, tan rompedor con el mundo de la escena como lo fue su pareja, Isadora Duncan, con el movimiento y la danza. Siendo uno de los padres del teatro tal y como hoy día lo conocemos, y quien trazó las principales líneas que se han seguido por los más grandes del teatro posterior, me parecía poder entenderle bien cuando (según describe Peter Brook en sus libros al referirse a él) en un momento dado expresó: «el teatro está fatal, pero siempre será mejor que ir a la iglesia».

Teniendo estos referentes, estudiaba con entusiasmo tanto los orígenes sagrados del teatro occidental, como las manifestaciones del teatro oriental que mantienen su carácter sagrado. Me fascinaba el concepto de «entusiastas» que tenían los griegos para definir a los artistas, importando incluso más que la disciplina artística que practicasen (pudiendo ser ninguna) que estén, a ojos de todos, imbuidos de lo divino (concepto, «divino», que ellos no contemplaban del mismo modo que las actuales religiones, sino que aludiendo directamente a la experiencia de esa fuerza, poder o energía), y me fascinaba la función terapéutica originaria del teatro occidental, concretada en el término «catarsis».

En medio de estos estudios y aspiraciones artísticas, en momentos en los que necesité respuestas muy profundas, que no podían venir de fuera, ni siquiera de ese mundo artístico en el que me sumergí, inicié una intensa búsqueda y tuve una experiencia aun más trascendental en mi vida. Fue cuando conocí las prácticas que ahora comparto, las cuales he practicado ininterrumpidamente desde el año 2000.

Esto supuso una revolución interior y como consecuencia exterior en mi vida, intensificando las experiencias que antes he descrito, y llevándome a sentir una amplificación muy sobresaliente tanto de mi creatividad como de mi entusiasmo al momento de crear y compartir.

Al principio, solo concebí estas prácticas como una vía de crecimiento y desarrollo personal particular, para mí. Al poco tiempo comencé a compartir con otras personas, porque surgió naturalmente. En un comienzo, únicamente de forma gratuita, dirigiendo actividades desde el año 2006, lo que compatibilizaba con otras cosas, a las que me dedicaba.

En el año 2014 llegó el momento en el que evolucionó este compartir, hasta convertirse en este proyecto, Holisticoach, que me está suponiendo un aprendizaje apasionante: he ido aprendiendo la mejor forma de enseñar todo lo aprendido, y cómo compartirlo mucho mejor. Estoy totalmente de acuerdo con la expresión que dice que «enseñando es como mejor se aprende».

Estoy aquí, por tanto, sintiendo que se unen en este proyecto una vocación artística genuina, mi amor por la filosofía, y el enorme disfrute que me produce compartir algo que, tras más de 20 años de práctica, he constatado innumerables veces que es realmente bueno.

He empleado «compartir», y no «impartir», porque mi labor es compartir las prácticas, no tanto impartir enseñanzas. Creo honestamente que estoy capacitado para transmitir las prácticas a través de las cuales cada cual recibe sus experiencias y enseñanzas que se sienten venir de nosotros mismos o de la vida, sin embargo no estoy disponible para asumir un rol de autoridad que puede dirigir las vidas de otras personas, en tanto que no me identifico con ese rol, ni me considero un referente al que imitar o seguir.  En ese ámbito, yo solo sé ser yo mismo, y no sé cómo ser tú, tanto como para que tú te fijes en mí, para ser tú. ¡Estoy seguro de que eso lo vas a hacer tú mucho mejor que yo! Gracioso el trabalenguas, pero sirve y me explico ¿verdad?.

De la enseñanza, del contenido, de lo que aprendes al practicar, se encarga por tanto la propia conciencia de cada cual (le he llamado también «ser» o «vida»… el nombre no es lo importante para mí.)

Cuando lo experimentes, es muy probable que estemos de acuerdo en que no hay palabra que al pronunciarla te dé la experiencia. La teoría no sirve, no es suficiente. Hay que vivirlo.

Claro que te enseñaré algo: cómo practicar. Incluso si ya practicas, pero no consigues conectar, o lo haces pero difícilmente, verás que sobre todo al principio te puedo servir como una especie de «router», de punto de acceso, como cuando alguien te «presta su conexión» para poder conectar y sentir más intensamente la experiencia de la conexión. Pero, siguiendo ese ejemplo, cuando alguien te presta sus datos, no es que te conectas a su dispositivo, sino que te conectas a través de su dispositivo. No es que te conectes a mí, sino que usas la conexión que se está dando, para conectarte tú.

Pongo otro ejemplo que ayuda a definir la metodología que empleo: A veces, por haber dejado de vivir durante mucho tiempo esa conexión, sucede algo parecido a cuando tienes un coche, pero no lo has movido durante mucho tiempo: se queda sin batería. En ese caso, es genial contar con la ayuda de alguien que se haya estado moviendo mucho recientemente, y pueda ayudarte a arrancar, poniéndote las pinzas para que puedas usar su carga, por un momento, para poder arrancar tú.

Son solo metáforas, son ejemplos, símiles, que suelo utilizar en los encuentros para ubicar las prácticas y a mi persona con respecto a quienes vienen a practicar, porque me sirven muy bien para explicar la base teórica desde la cual, en la metodología que sigo, se produce ese compartir, esa transmisión. No es una relación jerárquica o de autoridad. No hay una posición de superioridad, realmente no la hay. Siguiendo el ejemplo, un coche muy humilde, incluso pequeñito y con poquita potencia de motor, siempre que tenga su batería bien cargada, puede ayudar a arrancar incluso a un vehículo sublime, y muy potente, pero que se había quedado sin batería, por haberse olvidado de moverse demasiado tiempo… Desde ese concepto, vamos a practicar, de igual a igual.

No tengo idea de que exista una forma de conocer quién pueda estar por encima de quién, y cuál sería el parámetro que serviría para medir la superioridad de un ser con respecto a otro. Porque ¿Cuál sería? ¿La inteligencia, el poder, los recursos, la juventud, la belleza, el conocimiento? En este sentido, con lo que más me identificaría sería con el parámetro de Beethoven, cuando expresaba: «El único signo de superioridad que conozco es la bondad». Pero ese parámetro no se mide, ni fácilmente, ni de un momento a otro.

En cualquier caso, en ambos ejemplos, ya sea que te preste los datos, o una carga de energía, al llegar la experiencia notarás que será tu propia conexión, y que serás tú quien sentirá esa conexión contigo, en tu interior, desde el primer momento, y cada vez más cuanto más practiques, conmigo o ya en soledad por tu cuenta.

Aunque te puedo dar consejos o indicaciones que te pueden servir, nunca alcanzarán a tener la envergadura de lo que vas a sentir, practicando, en lo más profundo de ti.

Al comienzo puedes necesitar más ayuda, y será lo mejor practicar conmigo o con otras personas, que te puedan igualmente ayudar.

Con el tiempo, y si es tu voluntad, verás que puedes practicar intensamente sin ayuda, e incluso si fuera intensa tu práctica, podrías ayudar o servir tú a otras personas. 

En este ámbito del crecimiento personal, siempre o casi siempre encontrarás personas que pueden ayudarte, así como personas a quienes puedes ayudar.

En mi caso, procuro estar despierto en ambas situaciones, para fluir en armonía con cada una de ellas y ayudar, y ser ayudado, todo lo posible.

Me encuentro, en conclusión, en un proceso de aprendizaje constante en el que siento que tengo muchísimo por aprender, a la vez que mucho que ofrecer a los demás. Este es un proyecto idóneo para ambas cosas. Siento que estas prácticas son una gran oportunidad para aprender juntos/as.

Os invito a conocer y sentir este proyecto. Como ves, ha surgido de una vocación de contribuir al crecimiento y desarrollo de cualquier persona interesada.

Benefíciate, ya sea a través de las prácticas regulares de yoga y meditación, como de los eventos y retiros o también con las actividades gratuitas.

12 comentarios en “¿Quiénes somos?”

  1. Hola, solo decir de Ruben que su presencia y su voz son de gran ayuda para conseguir la conexión a uno mismo, el regreso a nuestra esencia, nuestro ser… el ambiente que se crea es único y mágico. muchas gracias!!!

  2. Maria Clemencia

    Ruben, hola
    Agradezco haber recibido tu buena luz.´
    Maravilloso regalo,
    Me daré tiempo para leer , reflexionar y aprender lo que siento verdadero

  3. Hello

    I am from denmark. I have meditated in 30 years. I consider to live in spain for a few month this winter. I prefer to meditate together with others. Is this possible by you ? and also to live nearby ?

  4. Ruben es un excelente guia y comunicador. Proyecta una energia tan buena que es muy dificil no captarla. Mi experiencia personal en los miniretiros ha sido muy enriquecedora, emocionante y diria que sanadora. Pienso repetir. Gracias Ruben.

    1. Muchas gracias a ti por tu valoración Marisa, me da muchísima alegría cuando me comunicáis que os ha sido tan útil. Es muy motivador para seguir sirviendo.

  5. Acabo de «conocer» a Rubén y me está ayudando mucho en lo que a practica meditativa se refiere.Nunca he leído su referencia a «fuerzas de la naturaleza»Me podrías facilitar algún libro o texto que haga referencia a esto.Gracias Rubén por aparecer en mi camino.Gracias por SER!!!

    1. Estimada Olga. Disculpa la demora en responder, no he estado pendiente de la web hasta ahora que comenzamos de nuevo con la actividad tras el parón debido al COVID-19. Estoy trabajando en un libro que podré recomendarte como soporte de la forma en la que he aprendido a enseñar meditación. No sabría recomendarte algo que esté exactamente ligado a esta forma de enseñar, ya que ha sido algo que he ido adquiriendo a base de enseñar a meditar a muchas personas, dándome cuenta de qué es lo que les facilita mucho las cosas a todas las personas y es válido para todas. No obstante, podría recomendarte lecturas como «Relajación y Energía» de Antonio Blay y «El Poder del Ahora» de Eckhart Tolle. Un saludo y me alegro de haberte servido

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